Desde aquel verano de 1978 mi vida se llenó de profunda tristeza, principalmente por la separación forzada e involuntaria de mi madre, mis sobrina y mi Guille, mi único gran amor.
Hoy, 39 años después, mi vida sigue siendo una nave totalmente desorientada en un mar de frustraciones. Ya todo cambiaría, me quitaron todo lo que más amaba, me arrebataron aquella familia que me aportó cosas que nunca más volví a experimentar, familiarmente hablando. Aquella familia, única en mi vida, era vital para seguir amando a todos los míos como antes. Y fueron precisamente los míos quienes me despojaron de mi derecho a elegir, ¡destrozaron mi vida! Desde entonces, una de las pocas cosas que me deleita es recordar...
El día que me arrancaron todo lo que más he amado, sentí que se apagaba mi vida, fue terriblemente duro, crecer sin el calor de mis grandes amores, de mi más grande amor...
Hoy sigo sintiendo que no crecí, me ahogaron en un infinito mar de lágrimas. Más de dos años pasé escondiéndome en mi amado malecón habanero, la única compañía que tuve cuando escogí pasar mis días en soledad... y así pasó el tiempo. Un día decidí pactar con el pecado para quedar enferma de por vida. Me perdí buscando sus caricias en otros brazos, saboreando sus labios en otros, sintiendo su aliento y sus abrazos en otros rostros, hasta que busqué libertad entregándome a quien mejor pensé que me sacaría adelante. Entonces descubrí lo equivocada que estaba. Quienes me amaron incondicionalmente, y llegaron con las mejores intenciones a mi vida, terminaron pagando los platos que otros habían roto. En fin, no he podido más, que agradecer por sus dedicaciones, pero he tenido que asumir mi vida en soledad; definitivamente, mi corazón no tiene lugar para otro que no sea él. Guille se adueñó de mi gigante y profunda manera de amar, y también de mi fidelidad. Así que he asumido mi vida en soledad, entre lágrimas por su ausencia, entre recuerdos y eternos deseos de volver a verlo, abrazarlo y amarlo a distancia.


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