miércoles, 26 de julio de 2017

Mis 12 años


Mi Guille y yo cumplíamos en el mismo mes, yo el día 7 y él el 31, ¡lindo día el suyo... lindas celebraciones juntos! Nuestro amor comenzaba a anudarse y empaparse con los más fuertes abrazos y apasionados besos. 
Disfrutábamos nuestras más hermosas tardes de fines de semana, entre los bailes de la plaza, donde bailábamos tan pegaditos. Las tardes de domingos eran sagradamente dedicadas a su entrañable familia, nuestra amada familia: sus 5 hermanos y sus padres... ¡Cuánto derroche de que amor! Cada semana la cerrábamos con broche de oro entre risas, juegos, abrazos y todos los ingredientes que lleva la felicidad plena. Durante más de dos años disfruté de esa vida sublime que nunca hubiese cambiado por nada del mundo.

Anteriormente yo acostumbraba a pasear los domingos por el lindo Bayamo con mi madre, donde íbamos en coche con mi padrastro, compartíamos cenas en diferentes lugares, como acostumbraba en La Habana con mi abuela paterna. Pero cambié aquellas salidas por el ambiente tan adorable que me regalaban mis suegros, mis 5 cuñados y novio. ¡Imposible desear otra cosa antes que aquello... yo me sentía profundamente feliz, yo era una hermana más, una hija más, una nieta más, una sobrina más, una prima más y una vecina más. Aquél era mi lugar, era mi casa, mi patio, aquélla era mi vida plenamente feliz!

Cada domingo junto a Guille era mi más brillante manera de crecer, yo no sabía que era más exquisito, a parte de sus apasionados besos y abrazos, si eran aquellas cremitas de leche, que me esperaban en cada sesión de aperitivos, las comidas tan deliciosas, los postres inmejorables, o la diversión por las ocurrencias de nuestros hermanos pequeños, a lo que se sumaba el andar por varias casas familiares alrededor de nuestro patio. ¡Cuántos recuerdos encantadores!

El amor de sus padres me salpicó tan ducelmemte el alma, que renuncié a querer a otros suegros de esa manera. Me resistí a la posibilidad de que alguien ocupara sus lugares en mi corazón. Yo no quiero amar a nadie de esa manera... bueno, eso no es difícil, ellos son tan especiales, que pocas familias numerosas podrían acaparar tantos aplausos en escenarios de amor. Sé que moriré con ellos en mi pensamiento. 

Llegan mis grados 7° y 8° de secundaria, que me traen las tradicionales temporadas de 45 días en el campo; fuera donde fueran, hasta allá viajaban mis amados suegros con deliciosas comidas y mi dulce favorito, las cremitas de leche, pero nada como lo mejor que siempre me dan: sus abrazos, sus miradas limpiamente amorosas, sus reiterados gestos de afectos, de comprensión y sincera cercanía.
¡Qué seres tan especiales, cómo no amarlos?!!

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