miércoles, 26 de julio de 2017

Mi diario de amor, desde mi niñez.

De Cuba traigo a este espacio particular, mi apasionado diario de amor, perdido hace algunos años. Recupero también el espacio que me cerraron en 2004, por haber olvidado contraseña para poder acceder a mi antiguo blog  "GUIDIANDO AMOR". 

GUIDIAN es la unión de las primeras sílabas de dos nombres que yo acostumbraba a escribir en mis libretas, en mis poemarios y hasta en mi mesita de noche, "Guille y Diana" o "Diana y Guille". Él es mi primer amor, será siempre mi único y verdadero amor, sentimentalmente hablando. Él es uno de esos seres que yo tendré en mi pensamiento el día que muera.

Nuestro noviazgo comenzó en Río Cauto (municipio de la provincia Granma), a fines de 1976; y cuando más consolidada estaba nuestra unión, mis mayores decidieron regresarme a La Habana, me separaron de él en 1978. Entonces destrozaron mi vida, porque yo lo necesitaba, casi hasta para respirar! 

Hoy escribo, estos recuerdos, porque necesito continuar guidiando mi vida en soledad, y disfrutar GUIDIANDO MI AMOR. La frase que uso para describirlo está compuesta por tres palabras, que comienzan con las iniciales de su nombre y sus apellidos: G.R.M; simplemente porque él es mi sentimiento más Grande, Romántico y Maravilloso. 

                   ♡ ♡ ♡ ♡ ♡  

Nacida en La Habana, y con padres de diferentes provincias de Cuba, me tocó asumir ese rodar de un lado para otro, que es de suponerse en estos casos.

Cuando mis padres se conocieron, mi madre era divorciada y con tres hijas. Ella era tan trabajadora, como tan bella, mi padre, enloquecido de amor por ella, se dispuso a apoyarla con sus hijas, cosa que no era asimilada por mi abuena paterna. Fruto de ese amor nací yo en 1965.
Mi padre era marinero, en uno de sus viajes decidió quedarse en Estados Unidos y mi madre queda embarazada. En 1967 falleció en California tras un accidente automovilístico, entonces mi madre decide regresar con su familia a Granma, y para complacer a mi familia paterna, dejándome en La Habana. Ella me visitaba con frecuencia, según me han contado.

El tiempo transcurre, ya yo con uso de razón (con unos 6 años) comienzo a sufrir cada vez que mi madre se marchaba. ¡Era terriblemente doloroso, hasta mis vecinos intentaban calmar aquellos gritos de desesperación que mis mayores no comprendían! Me tocó crecer así, en sufrimiento constante, aunque rodeada de seres tan queridos, que tanto afecto me brindaban.

A pesar de estos pesares, yo era muy alegre, me encantaba cantar, bailar, dibujar, leer, escribir poemas y sobre todo, estudiar. Al terminar mi 2° grado, con 7 años, me concedieron un deseo por haber logrado tan buenos resultados académicos, pasar las vacaciones junto a mi madre, mis hermanas y mi familia materna. Al término de aquellas vacaciones tan felices, me negué a separarme de mi madre y cursé mi 3er. grado en el pueblo que, de manera fascinante me cautivó, sobre todo, porque su gente siempre se dejó querer mucho. Así que aprendí a sentirlo y llamarle "mi Río Cauto querido".

Mis días alegres duraron poco. A los 8 años volvieron a separarme de mi madre, ¡oh, cuánto dolor!

La escena vacacional se repite, buenos resultados de 4° grado y me llevo mi mejor regalo, vuelvo a pasar ese verano con mi madre a Río Cauto. Y se repite nuevamente la fuerza aquella que siempre me supera, me niego a regresar a La Habana. Otra buena alegría: continuar mi 5° grado con todas aquellas amiguitas que había dejado en 3°: Consuelito, Maricela, Estrellita, Isabel, Mirtha, Nuris, Osmani y otros muchos, ¡adorables todos!

Estamos en 1975, un año de grandes emociones, y como decía mi amado tío Lalo: tantas emociones me hicieron madurar muy pronto. En Marzo mi hermana Yoyi me sorprende y me premia con mi primera sobrina, motivo por el que mi abuela paterna me concede permiso para permanecer junto a mi madre, mis hermanas y nuestra mayor ilusión, nuestra linda Yusy. Ya creída mayor como tía, con los cuidados de mi pequeña, y las enseñanzas de mis hermanas, comienzo mis salidas de fines de semana con mi tío Lalo, ¡persona importantísima en mi vida!, a quien me acostumbré a sentir como padre, contagiada por mis tres hermanas y dejándome cuidar, proteger y amar con toda la ternura que él me dedicó siempre. Él era además, mi cómplice y confidente, era mi mejor amigo.

Mi tío fue el único testigo del primer latido que tuvo mi corazón por la atracción hacia aquel chico que se convertiría en mi "PRIMER AMOR". Sentimiento que, a día de hoy, nunca ha cambiado, sigue siendo el más "Grande, Romántico y Maravilloso.
1976 fue el año más duro que he vivido, tras fallecer mi hermana Yoyi el 30 de Junio. Era como si yo hubiese quedado huérfana junto a mi sobrina, comencé a necesitar el calor de mi familia, especialmente el de mi tío y de mis amiguitas.

En medio del intenso dolor por la más dura de las tragedias que he vivido, y que me dejó tan traumatizada, apareció en mi vida, la imagen encantadora de Guille. Unos días entre intercambios de miradas, fuertes latidos de corazones, mariposas saltando en nuestros estómagos, destellos cuando nos separábamos y pieles erizadas cuando nos encontrábamos. Nos llegó el amor, ¡y de qué manera...! Intentábamos disimularlo en público, pero era en vano. Cuando él aparecía por mi centro escolar, mis compañeros corrían a avisarme, mis amigas me dejaban sola, y aunque sentíamos algo de pena y nos esforzábamos por disimularlo, era en vano, todos lo notaban, nuestro amor era como una resonancia a corta o larga distancia. Al llegar a mi barrio, mis vecinos jóvenes y adultos me preguntaban por aquel niño, que me hacía cambiar notablemente. ¡Era algo increíblemente espectacular y bello! 
Guille entró en mi vida para dominarla, aliviaba mucho mi tristeza, y a pesar de tan corta edad, asumió la responsabilidad de estar siempre a mi lado para animarme, él estaba siempre ahí para mí. Llegué a sentir sus sentidos para ver, para escuchar y respirar. Y con toda humildad expreso lo mucho que me correspondía, gracias a él siempre fui una adolescente sensacionalmente tan enamorada, como tan amada; y no sólo lo sentía en momentos en los que él no me dejaba marchar en cada encuentro, lo sentía en su mirada tímida, en su manera de tocarme y hablarme. Era todo dulzura, complicidad, tranquilidad, respeto, y amor del bueno.

Sus primeros abrazos fueron de valor incalculable, y consolidando esa unión llegué a la familia más amorosa, cercana y comprensiva que he tenido. Sus padres, me acogieron como otra más entre aquella escuadra de 6 hijos tan entrañables; también sus tíos, primos y abuelos. En fin, ¡bendita sea la hora en que ellos llegaron a mi vida!
♡"RECUERDOS"♡

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