Ellos, son padres encantadores, de poco hablar, pero muy amorosos. Me brindaron todo el calor que necesité de unos padres en aquellos momentos tan dolorosos.
Mi tributo sincero no puede faltar en mi rincón virtual. He escogido un poema universal, que, aunque el prestigioso autor lo dedicó a su amada, me los trae a la memoria, porque fueron quienes me ofrecieron el más reconfortante apoyo. Todavía recuerdo aquella despedida tan triste. Ella no dejó de montar nuestra acostumbrada mesa para los 9 integrantes de la familia. Sus muchachos, ninguno estuvo ajeno a aquel último encuentro. Junto a sus padres estuvieron muy tristes todo el tiempo ese último domingo.
Al término de la triste despedida, nosotros dos, salimos hasta la esquina de mi casa, entre lágrimas y escasas palabras nos entrelazamos en los más fuertes, apasionados y emocionados besos y abrazos. ¡Verdaderamente dolorosa aquella escena de un adiós tan forzados, que me dejó afectada para toda mi vida... no puedo encontrar la palabra o la frase para describir el daño más grande que me han hecho, del que no creo que pueda recuperarme algún día!
En medio de esa escena, que nunca se borrará de mi mente, yo sostengo la cara desgarrada y el alma triste de mi amada suegra, aquella madre tan amorosa, que como casi no hablaba, la recuerdo con este poema hermoso...
"ME GUSTAS CUANDO CALLAS"
De Pablo Neruda.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma,
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
El último día que permanecí Río Cauto (15 de Agosto de 1978) no se lo deseo a nadie. Aún horas antes del viaje, mis ojos llenos de lágrimas, con mi alma toda rota, como si agonizara, yo albergaba esperanza de alguna milagrosa reflexión o de algún hecho que impidiera mi salida en aquel auto, pero no ocurrió... ¡Nada... a mis mayores les dio igual, me hicieron caso omiso, no les importaron mis gritos de dolor, mi desesperación no les tocó el alma, cuánta incomprensión reinó a mi alrededor en ese terrible momento que no podré jamás!
He sufrido una gran decepción de ellos. Nunca acepté que nadie fuera comprensivo conmigo, sólo mi tío Lalo y mis suegros me mostraron con calidez su solidaridad, pero ellos fueron respetuosos con las decisiones de quienes entendían, eran los responsables de mi vida.
Mis gritos eran desgarrantes, mi dolor era verdaderamente fuerte, me dolía todo, me temblaban hasta los pelos, ¡¿cómo era posible que no reaccionaran a mi favor quienes más yo creía que me amaban!? No me resulta posible comprender sus actitudes egoístas. He crecido preguntándome qué había hecho yo para merecer tan duro castigo? Aunque no dejé de amarlos, después de aquella dura experiencia, ya nada fue igual, ellos me fallaron, ¡y de qué manera... destrozaron mi vida!
Entre otras cosas que no mermaron en mí estuviero, mi cariño inmenso por mis dos sobrinas, mis niñas del alma, Yusi y Suri, además de mi tío Lalo, y la familia política que más amor me ha brinddado. El resto de mi familia en Río Cauto, ajena a aquella catástrofe siempre contará con mi cariño y respeto sinceros.
Ya en La Habana, mi reencuentro con mi querida amiga Idania, que fue muy reconfortante. Mis primos, vecinos y amiguitos de mi querido barrio Colón, de Centro Habana. Ellos eran todo encanto, intentaban sacarme sonrisas, pero poco conseguían. Yo sentía que cada día moría un poco más. Como siempre había mucha gente en mi casa, me refugiaba en el lugar que más adoré de mi Habana: mi malecón hermoso, allí eea donde mejor estaba, nadie interrumpía mis pensamientos, nadie interrumpía las horas que anhelaba para tener a mi amado Guille abrazándome y besándome, nadie desataba aquel nudo de amor tan fuerte, nadie me apartaba de él, el mar aplaudía con el ruido de sus olas encantadoras, su brisa no secaba mis lágrimas, sus rocas no pinchaba para deshacer mi más grande deseo de estar junto al único ser que me llenaba de vida. El mar era el único respetuoso acompañante que yo tenía. Allí siempre pasaba mis horas pensando en los seres que me arrancaron, preguntándome y una y otra vez "¿qué estarían haciendo en cada momento?".
Llegan mis primeras citas con neurölogos, psiquitras y otros especialistas de salud mental. Comencé a padecer todo tipo de trastornos, desde 30 días menstruando hasta los dolores más negros de cabeza, de corazón y de alma. Empezaron mis ingresos en aquel hospital de Boyeros, donde los más encantadores psicólogos daban todo por ayudar, pero muy poco conseguirían; ¡ni siquiera yo lograba 2 días con la alegría que siempre me caracterizaba!
Mi 9° grado transcurrió entre lágrimas, notas bajas, buenos compañeros, alguno que otro día de playa y de conciertos de mis Van Van, mi mejor bálsamo, pero siempre con Guille en mi mente, sentirlo a él perennemente era lo que mantenía los latidos de mi corazón; el tiempo pasaba y mi amor por él seguía intacto. Nunca cambié el nombre de mi más grande amor, su nombre y sus inciales aparecían en todos mis cuadernos, me han acompañado cada día de mi vida: G.R.M. Los amigos que se reían de extrema y atípica fidelidad le pusieron 'Romeo', decían que yo les recordaba esa obra de la literatura universal, ROMEO Y JULIETA, jeje...!!
Empecé a molestarme por las constantes insistencias de algunos para cortar mis sentimientos, me hacían daño, ¡mucho daño, uff... era terrible soportar el capricho de quienes deseaban que yo les correspondiera a cualquier precio, fueron duras experiencias! Entonces comencé a usar esta frase, para que no me destrozaran mi material de estudios: "GRANDE-ROMÁNTICO-MARAVILLOSO", eran palabras que describían mi amor y comenzaban con las iniciales de mi amado Guillermo Ramírez Milán. Nunca nacerá nadie que pueda cambiar mi gran amor, porque siempre será "eterna y guillemente Grande, Romántico y Maravilloso" (G.R.M.)
Desde aquel verano de 1978 mi vida se llenó de profunda tristeza, principalmente por la separación forzada e involuntaria de mi madre, mis sobrina y mi Guille, mi único gran amor.
Hoy, 39 años después, mi vida sigue siendo una nave totalmente desorientada en un mar de frustraciones. Ya todo cambiaría, me quitaron todo lo que más amaba, me arrebataron aquella familia que me aportó cosas que nunca más volví a experimentar, familiarmente hablando. Aquella familia, única en mi vida, era vital para seguir amando a todos los míos como antes. Y fueron precisamente los míos quienes me despojaron de mi derecho a elegir, ¡destrozaron mi vida! Desde entonces, una de las pocas cosas que me deleita es recordar...
El día que me arrancaron todo lo que más he amado, sentí que se apagaba mi vida, fue terriblemente duro, crecer sin el calor de mis grandes amores, de mi más grande amor...
Hoy sigo sintiendo que no crecí, me ahogaron en un infinito mar de lágrimas. Más de dos años pasé escondiéndome en mi amado malecón habanero, la única compañía que tuve cuando escogí pasar mis días en soledad... y así pasó el tiempo. Un día decidí pactar con el pecado para quedar enferma de por vida. Me perdí buscando sus caricias en otros brazos, saboreando sus labios en otros, sintiendo su aliento y sus abrazos en otros rostros, hasta que busqué libertad entregándome a quien mejor pensé que me sacaría adelante. Entonces descubrí lo equivocada que estaba. Quienes me amaron incondicionalmente, y llegaron con las mejores intenciones a mi vida, terminaron pagando los platos que otros habían roto. En fin, no he podido más, que agradecer por sus dedicaciones, pero he tenido que asumir mi vida en soledad; definitivamente, mi corazón no tiene lugar para otro que no sea él. Guille se adueñó de mi gigante y profunda manera de amar, y también de mi fidelidad. Así que he asumido mi vida en soledad, entre lágrimas por su ausencia, entre recuerdos y eternos deseos de volver a verlo, abrazarlo y amarlo a distancia.
A los 13 años, terminando mi 8° grado, cuando disfrutaba de la más apasionada compañía de mi adorado Guille, cuando comenzaba a crecer con tanta vitalidad, alimentada por sus besos y abrazos, por el cariño incondicional de nuestra familia, entre baladas y poemas románticos, mi abuela anuncia su regreso, tras un gravamiento de su enfermedad. Yo intentaba convencerla de que fuera ella quien se quedase conmigo, para darle los cuidados y atenciones que tanto deseaba, donde yo consideraba que era mi lugar, junto a mi madre, mi novio y las familias de ambos.
Ninguno de mis mayores se solidarizó con mi más profundo sentimiento, nadie escuchó mis quejidos, nadie secó mis lágrimas, sólo pude contar con la comprensión de uno de mis tíos y mis amados suegros, nunca olvidaré sus miradas tristes, la entrega incondicional, ¡nunca olvidaré los gestos tan entrañables, que todavía me acompañan!
Mi Guille y yo cumplíamos en el mismo mes, yo el día 7 y él el 31, ¡lindo día el suyo... lindas celebraciones juntos! Nuestro amor comenzaba a anudarse y empaparse con los más fuertes abrazos y apasionados besos. Disfrutábamos nuestras más hermosas tardes de fines de semana, entre los bailes de la plaza, donde bailábamos tan pegaditos. Las tardes de domingos eran sagradamente dedicadas a su entrañable familia, nuestra amada familia: sus 5 hermanos y sus padres... ¡Cuánto derroche de que amor! Cada semana la cerrábamos con broche de oro entre risas, juegos, abrazos y todos los ingredientes que lleva la felicidad plena. Durante más de dos años disfruté de esa vida sublime que nunca hubiese cambiado por nada del mundo.
Anteriormente yo acostumbraba a pasear los domingos por el lindo Bayamo con mi madre, donde íbamos en coche con mi padrastro, compartíamos cenas en diferentes lugares, como acostumbraba en La Habana con mi abuela paterna. Pero cambié aquellas salidas por el ambiente tan adorable que me regalaban mis suegros, mis 5 cuñados y novio. ¡Imposible desear otra cosa antes que aquello... yo me sentía profundamente feliz, yo era una hermana más, una hija más, una nieta más, una sobrina más, una prima más y una vecina más. Aquél era mi lugar, era mi casa, mi patio, aquélla era mi vida plenamente feliz!
Cada domingo junto a Guille era mi más brillante manera de crecer, yo no sabía que era más exquisito, a parte de sus apasionados besos y abrazos, si eran aquellas cremitas de leche, que me esperaban en cada sesión de aperitivos, las comidas tan deliciosas, los postres inmejorables, o la diversión por las ocurrencias de nuestros hermanos pequeños, a lo que se sumaba el andar por varias casas familiares alrededor de nuestro patio. ¡Cuántos recuerdos encantadores!
El amor de sus padres me salpicó tan ducelmemte el alma, que renuncié a querer a otros suegros de esa manera. Me resistí a la posibilidad de que alguien ocupara sus lugares en mi corazón. Yo no quiero amar a nadie de esa manera... bueno, eso no es difícil, ellos son tan especiales, que pocas familias numerosas podrían acaparar tantos aplausos en escenarios de amor. Sé que moriré con ellos en mi pensamiento.
Llegan mis grados 7° y 8° de secundaria, que me traen las tradicionales temporadas de 45 días en el campo; fuera donde fueran, hasta allá viajaban mis amados suegros con deliciosas comidas y mi dulce favorito, las cremitas de leche, pero nada como lo mejor que siempre me dan: sus abrazos, sus miradas limpiamente amorosas, sus reiterados gestos de afectos, de comprensión y sincera cercanía.
¡Qué seres tan especiales, cómo no amarlos?!!
Otra experiencia me estrujó el alma, al ver como la injusticia y la soberbia de una de las dirigentes de aquella escuela, me arrebató la ilusión de ingresar en la escuela vocacional José Martí (Holguín). Yo había dedicado toda atención a mis estudios. Me vi en la penosa necesidad de pedir revisiones de exámenes. Mi 6° grado me deparó tal desconfianza, que me hacía asumir una indeseable posición a la defensa, pero me sentía segura de poder lograr los mejores resultados, no sólo por mi preparación, sino por el constante y valioso apoyo de mis inseparables compañeras, con quienes formaba un gran equipo, contaba con la estrecha amistad de una de las más capacitadas alumnas del centro, mi Consuelito querida, ella no se guardaba nada para sí, compartía sus notables habilidades con todas y eso nos mantenía muy unidas.
Al menos me quedó la satisfacción y el orgullo de ver a nuestra Consu en la vocacional que tanto merecía, ¡ella, como pocos!
Aquella señora que muchos vecinos contaban sobre su infundado rechazo hacia mis hermanas mayores, consiguió colocar en mi lugar a otra niña, que, aunque era muy buena, no acumulaba mejores resultados que yo. Aquello me abrió una profunda y dolorosa herida, que no olvidaré nunca.
Quise consolarme en la posibilidad de mantenerme cerca de mi gran amor si no me internaba, pero luego lo internaron a él, jeje... lo mío era una constante tragedia; pero bueno, durante ese tiempo, él siempre estaba firmemente conmigo, a pesar de esa indeseada distancia, que motivó los caprichos de algunos, que de repente comenzaron a aparecer durante mi adolescencia, no dejaban de amenzarme con quitar a Guille de mi camino, ¡era terrible tener que soportarlos, y en silencio, tuve ocasiones de no poder salir de casa, uff...!
Ante aquellas situaciones desleales, nuestro amor cobró mucha más fuerza. Era más GRANDE, ROMÁNTICO Y MARAVILLOSO.
Los inicios de mi adolescencia estuvieron muy marcados, contrastando sentimientos tan intensos: el dolor por la pérdida de mi hermana Yolly, por la lejanía de mi hermana Lily, que ya se alejaba de mí, cuando tubo que internarse para cumplir sus estudios secundarios. Mi adorable hermana Vicky ya me tenía acostumbrada a esperarla en cada temporada de vacaciones. Entonces mi sobrina Yusi hacía más llevadera mi vida en casa, yo tenía que ayudar en sus cuidados, junto a una vecina que adorábamos, y que tanto cariño nos brindó, a quien llamamos Mami, ¡ qué gusto volver a recordarla en este momento!
El gran amor de mi vida era cada vez más "GRANDE, ROMÁNTICO Y MARAVILLOSO". Comenzaba a complacerme, yendo a bailar conmigo a las fiestas en la plaza del pueblo, donde cada fin de semana "Armonía del Cauto" nos regalaba tardes y noches encantadoras, yo no olvidaba mis intensas jornadas vanvaneras en mi Habana querida, pero con tanto amor mi vida se llenaba de baile y de música. Él era todo lo que yo necesitaba para ser feliz.
En mis primeras escenas de amor, yo recitaba mi vida entre las baladas que gustaban a mis hermanas y de mis preferidas se encargó un artista que me cautivó, JOSÉ JOSÉ, a quien toda América ama y llama "el príncipe de la canción".
He adorado a este artista como parte muy importante de mí, porque él describía mi vida, mis sentimientos, este hombre bueno armonizaba mi existencia más que Los Van Van, porque sus canciones me acompañaron desde que conocí el amor; y tanto que, aunque hubiese sido feliz, lo conservaría como mi más fiel preferencia por la canción romántica... ¡hasta me juré inscribir con su nombre al hijo que tuviera, a quien soñaba ponerle José Guillermo!
De Cuba traigo a este espacio particular, mi apasionado diario de amor, perdido hace algunos años. Recupero también el espacio que me cerraron en 2004, por haber olvidado contraseña para poder acceder a mi antiguo blog "GUIDIANDO AMOR".
GUIDIAN es la unión de las primeras sílabas de dos nombres que yo acostumbraba a escribir en mis libretas, en mis poemarios y hasta en mi mesita de noche, "Guille y Diana" o "Diana y Guille". Él es mi primer amor, será siempre mi único y verdadero amor, sentimentalmente hablando. Él es uno de esos seres que yo tendré en mi pensamiento el día que muera.
Nuestro noviazgo comenzó en Río Cauto (municipio de la provincia Granma), a fines de 1976; y cuando más consolidada estaba nuestra unión, mis mayores decidieron regresarme a La Habana, me separaron de él en 1978. Entonces destrozaron mi vida, porque yo lo necesitaba, casi hasta para respirar!
Hoy escribo, estos recuerdos, porque necesito continuar guidiando mi vida en soledad, y disfrutar GUIDIANDO MI AMOR. La frase que uso para describirlo está compuesta por tres palabras, que comienzan con las iniciales de su nombre y sus apellidos: G.R.M; simplemente porque él es mi sentimiento más Grande, Romántico y Maravilloso.
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Nacida en La Habana, y con padres de diferentes provincias de Cuba, me tocó asumir ese rodar de un lado para otro, que es de suponerse en estos casos.
Cuando mis padres se conocieron, mi madre era divorciada y con tres hijas. Ella era tan trabajadora, como tan bella, mi padre, enloquecido de amor por ella, se dispuso a apoyarla con sus hijas, cosa que no era asimilada por mi abuena paterna. Fruto de ese amor nací yo en 1965.
Mi padre era marinero, en uno de sus viajes decidió quedarse en Estados Unidos y mi madre queda embarazada. En 1967 falleció en California tras un accidente automovilístico, entonces mi madre decide regresar con su familia a Granma, y para complacer a mi familia paterna, dejándome en La Habana. Ella me visitaba con frecuencia, según me han contado.
El tiempo transcurre, ya yo con uso de razón (con unos 6 años) comienzo a sufrir cada vez que mi madre se marchaba. ¡Era terriblemente doloroso, hasta mis vecinos intentaban calmar aquellos gritos de desesperación que mis mayores no comprendían! Me tocó crecer así, en sufrimiento constante, aunque rodeada de seres tan queridos, que tanto afecto me brindaban.
A pesar de estos pesares, yo era muy alegre, me encantaba cantar, bailar, dibujar, leer, escribir poemas y sobre todo, estudiar. Al terminar mi 2° grado, con 7 años, me concedieron un deseo por haber logrado tan buenos resultados académicos, pasar las vacaciones junto a mi madre, mis hermanas y mi familia materna. Al término de aquellas vacaciones tan felices, me negué a separarme de mi madre y cursé mi 3er. grado en el pueblo que, de manera fascinante me cautivó, sobre todo, porque su gente siempre se dejó querer mucho. Así que aprendí a sentirlo y llamarle "mi Río Cauto querido".
Mis días alegres duraron poco. A los 8 años volvieron a separarme de mi madre, ¡oh, cuánto dolor!
La escena vacacional se repite, buenos resultados de 4° grado y me llevo mi mejor regalo, vuelvo a pasar ese verano con mi madre a Río Cauto. Y se repite nuevamente la fuerza aquella que siempre me supera, me niego a regresar a La Habana. Otra buena alegría: continuar mi 5° grado con todas aquellas amiguitas que había dejado en 3°: Consuelito, Maricela, Estrellita, Isabel, Mirtha, Nuris, Osmani y otros muchos, ¡adorables todos!
Estamos en 1975, un año de grandes emociones, y como decía mi amado tío Lalo: tantas emociones me hicieron madurar muy pronto. En Marzo mi hermana Yoyi me sorprende y me premia con mi primera sobrina, motivo por el que mi abuela paterna me concede permiso para permanecer junto a mi madre, mis hermanas y nuestra mayor ilusión, nuestra linda Yusy. Ya creída mayor como tía, con los cuidados de mi pequeña, y las enseñanzas de mis hermanas, comienzo mis salidas de fines de semana con mi tío Lalo, ¡persona importantísima en mi vida!, a quien me acostumbré a sentir como padre, contagiada por mis tres hermanas y dejándome cuidar, proteger y amar con toda la ternura que él me dedicó siempre. Él era además, mi cómplice y confidente, era mi mejor amigo.
Mi tío fue el único testigo del primer latido que tuvo mi corazón por la atracción hacia aquel chico que se convertiría en mi "PRIMER AMOR". Sentimiento que, a día de hoy, nunca ha cambiado, sigue siendo el más "Grande, Romántico y Maravilloso.
1976 fue el año más duro que he vivido, tras fallecer mi hermana Yoyi el 30 de Junio. Era como si yo hubiese quedado huérfana junto a mi sobrina, comencé a necesitar el calor de mi familia, especialmente el de mi tío y de mis amiguitas.
En medio del intenso dolor por la más dura de las tragedias que he vivido, y que me dejó tan traumatizada, apareció en mi vida, la imagen encantadora de Guille. Unos días entre intercambios de miradas, fuertes latidos de corazones, mariposas saltando en nuestros estómagos, destellos cuando nos separábamos y pieles erizadas cuando nos encontrábamos. Nos llegó el amor, ¡y de qué manera...! Intentábamos disimularlo en público, pero era en vano. Cuando él aparecía por mi centro escolar, mis compañeros corrían a avisarme, mis amigas me dejaban sola, y aunque sentíamos algo de pena y nos esforzábamos por disimularlo, era en vano, todos lo notaban, nuestro amor era como una resonancia a corta o larga distancia. Al llegar a mi barrio, mis vecinos jóvenes y adultos me preguntaban por aquel niño, que me hacía cambiar notablemente. ¡Era algo increíblemente espectacular y bello!
Guille entró en mi vida para dominarla, aliviaba mucho mi tristeza, y a pesar de tan corta edad, asumió la responsabilidad de estar siempre a mi lado para animarme, él estaba siempre ahí para mí. Llegué a sentir sus sentidos para ver, para escuchar y respirar. Y con toda humildad expreso lo mucho que me correspondía, gracias a él siempre fui una adolescente sensacionalmente tan enamorada, como tan amada; y no sólo lo sentía en momentos en los que él no me dejaba marchar en cada encuentro, lo sentía en su mirada tímida, en su manera de tocarme y hablarme. Era todo dulzura, complicidad, tranquilidad, respeto, y amor del bueno.
Sus primeros abrazos fueron de valor incalculable, y consolidando esa unión llegué a la familia más amorosa, cercana y comprensiva que he tenido. Sus padres, me acogieron como otra más entre aquella escuadra de 6 hijos tan entrañables; también sus tíos, primos y abuelos. En fin, ¡bendita sea la hora en que ellos llegaron a mi vida!