A las imposiciones de celebraciones, se unieron los enamorados indeseados e insoportables, los embullos inoportunos de mis amigas. ¡Mi vida se acercaba al infierno!
- ¿Niña cómo quieres el traje, la fiesta, los zapatos?
> No quiero nada, ¡absolutamente nada!
- Bueno, al menos un buen regalo! ?
> Como regalo sólo me ilusiona mis pullas de Primor, y que me devuelvan a mi Río Cauto, donde tengo lo que más anhelo en mi vida!!
- Eso no va a poder ser cariño, ¡lo sentimos mucho, pero eso, de ninguna manera!
Bueno, tocó seguir en profundo sufrimiento, odiando a todos los que se me acercaban con invitaciones inoportunas... ¡Yo vivía en perenne castigo!


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